El escritorio de Teo

Tercera historia de octubre. Antes: una escalera y una sala que esperaba. Ahora: un escritorio vacío.

Teo se fue un viernes. Las versiones varían según quién las cuente: renuncia, cambio de área, algo más definitivo. Lo que nadie discute es lo que pasó el lunes: su escritorio seguía en su lugar, su planta seguía viva y el sistema le seguía asignando pendientes.

“Ya van a abrir la vacante” dijo la jefa, y todos asintieron, porque eso es lo que se dice.

La vacante no se abrió. Se repartió.

Primero fue el reporte semanal, que cayó en la bandeja de Mariana con una nota: Mientras llega alguien, ¿puedes cubrir? Mariana cubrió. Luego las juntas de los jueves pasaron a Dani. Luego dos clientes. Cada pedacito llegó pequeño, razonable, de esos que uno no puede rechazar sin quedar como el difícil. Nadie recuerda haber aceptado la suma.

Y el equipo empezó a cambiar, sin ruido.

Mariana se quedaba hasta las nueve, como Teo. Dani escribía correos que terminaban en “quedo atento”, cuando en su vida lo había dicho. Alguien más pedía el café sin azúcar y sin gusto, igualito. Una tarde, alguien se sentó en la silla de Teo “nomás un momento, para ver mejor la pantalla” y se quedó cuatro horas.

El escritorio seguía vacío, pero cada vez menos.

Cuando alguien preguntaba por la vacante, la respuesta era “en proceso”.

Una madrugada, Mariana abrió el sistema para revisar un pendiente y se detuvo en el historial. Tareas completadas a las 3:12, a las 3:40, a las 4:05. Todas bajo el usuario de Teo, cuya cuenta nadie había dado de baja.

Nadie del equipo podía haberlas hecho: era de noche, todos dormían.

Mariana miró la hora de su propia laptop. Sesión iniciada desde su casa, desde su cama, desde las 3:00. Las tareas estaban hechas, y mejor que cuando las hacía despierto.

Esa mañana llegó un correo de Recursos Humanos: Se ha cerrado la vacante. Gracias por su flexibilidad.

Nadie había sido contratado. El puesto, sin embargo, estaba cubierto.

Mariana contestó con una sola línea, sin saber por qué. Quedo atento.

Monica Aranda

Mexican, female. 30 something years old. Graphic designer & Film-watcher

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