Lo barato sale caro, pero lo pagado ¿vale la pena?

Hace poco platicaba con unos colegas sobre algo que llevo tiempo "manifestando" (pero de broma, porque no creo en eso): que mi equipo, el cual hace, en esencia, el mismo trabajo que una agencia externa, solo que sin la sobrecarga de presentaciones, retainers y "alineaciones estratégicas”, se quede con ciertas tareas que hoy se van afuera. Cosas como los "magno" eventos de la empresa, entre otros.

Uno de mis colegas me miró con esa mirada. La mirada que solo da la experiencia, la que dice "ay, querida" sin decir nada. Y procedió a contarme una historia.

Hace varios años, él diseñó un producto completo para otra empresa. Lo entregó impecable: empaquetado, documentado, hecho a la medida de las necesidades reales que él conocía de primera mano porque trabajaba ahí dentro, todos los días, viendo el problema de cerca. La empresa lo recibió, lo revisó, y decidió irse con la propuesta de un proveedor externo. Una propuesta con deficiencias, hecha por alguien que jamás había puesto un pie en esas oficinas, que no conocía al usuario final, que probablemente ni se acordaba del proyecto un mes después de entregarlo.

¿Por qué? Porque ese se había pagado.

Y aquí es donde la cosa se pone interesante, porque no es solo "lo de fuera se ve mejor", aunque ese prejuicio también existe y daría para otra entrada entera. Es algo más retorcido: hay una factura. Hay un contrato. Hay un correo con un monto y un IVA desglosado. Y ese papelito, de alguna manera, le da al objeto una legitimidad que el trabajo interno no va a tener, sin importar qué tan bueno sea.

Lo que mi colega hizo "no costó nada extra". Era, técnicamente, parte de su sueldo. Ya estaba pagado, sí, pero pagado de una forma que no se siente como gasto, se siente como background, como algo que la empresa ya tenía de cualquier modo. En cambio, lo de la agencia generó una orden de compra, una aprobación, quizás hasta una junta para justificar el presupuesto. Y todo ese trámite, todo ese ritual burocrático, termina funcionando como una especie de garantía emocional: "esto vale, porque nos costó trabajo conseguirlo (administrativamente)".

Es el "sunk cost" (dinero que no se recupera) pero al revés: no es que no quieran soltar lo que ya pagaron porque sería "tirar el dinero", es que necesitan que lo que pagaron haya valido la pena, aunque el resultado sea objetivamente peor. Y eso es más incómodo que quedarse con un producto mediocre.

Mientras que descartar el trabajo interno no cuesta nada, ya estaba "incluido", ¿no? Como cuando en un buffet dejas el arroz a la mitad porque ya pagaste por todo el plato y comer más pollo agridulce no te sale más caro.

El trabajo de diseño, y cuando es interno, por ser "lo que ya hacíamos de todos modos", no se mira igual que el de una agencia externa, no genera la misma ansiedad de "tenemos que aprovechar esto que costó". Y cuando algo sale mal, o cuando algo sale demasiado bien y de todos modos no se elige, el mensaje de fondo es el mismo: lo que no tuvo un precio visible, no tiene un valor visible.

¿Mi conclusión? Es incómoda. No dar el 100, o darlo en oportunidades que valgan la pena, tal vez, para que valoren lo que hacemos adentro, quizás lo único que falta es... una factura.

Monica Aranda

Mexican, female. 30 something years old. Graphic designer & Film-watcher

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