Lo que no pudimos evitar mirar
No quería escribir sobre el mundial de fútbol 2026. En serio.
Es el mundial caótico, el mundial para visibilizar injusticias sociales, el mundial inaccesible. Me parece injusto que México, siendo un país tan futbolero, reciba migajas de todo el evento. Me parece injusto que los boletos estén excesivamente caros para un deporte que vive tan de cerca en el corazón de este país que puedes comenzar una cascarita con una botella de plástico.
Si lo piensas, el fútbol se puede jugar en casi cualquier lado con casi cualquier objeto que ruede. Es el deporte más democrático que existe, el más accesible, el que no necesita infraestructura ni equipamiento ni membresía. Y sin embargo, el evento más grande que lo celebra está diseñado para que la mayoría lo vea desde lejos.
Y aún con todo ese desdén, se me presentó la oportunidad de asistir a uno de los juegos, con un boleto a precio de locura, en un lugar privilegiado.
En la vida se me han presentado oportunidades únicas gracias a las amistades, y por fortuna no he dejado escapar ninguna, a pesar de haber estado muy cerca de hacerlo, ya sea por desidia o por no medir bien la magnitud de lo que tenía enfrente.
Fui.
Con mis estudiantes hablo de cómo somos el resultado de lo que le ponemos atención. La atención siempre recibe una respuesta, aunque sea negativa, aunque sea rabia, aunque sea desdén. Hay gente que lo sabe muy bien y monetiza exactamente eso: el enojo, el escándalo, el ragebait. El mundial también lo sabe. Hoy está cobrando la atención de todos, con boleto o sin él.
Y aquí está el nudo: yo no elegí ponerle atención al mundial, se me presentó una oportunidad. El mundial me la tomó. Como le pasa a todos, para bien y para mal, con rabia o con euforia.
Eso es lo que hace la atención cuando algo ocupa demasiado espacio: no te pide permiso. El mundial existe en una escala diseñada precisamente para eso, para que no puedas ignorarlo aunque lo intentes, aunque lo encuentres injusto, aunque sepas que la fiesta no fue pensada para ti.
Hay algo que les digo a mis estudiantes sobre el tiempo: funciona como una moneda. Puedes gastarlo o puedes invertirlo, pero lo que no puedes es guardarlo. Con la atención pasa algo más retorcido todavía: la gastas incluso cuando crees que la estás ahorrando. El enojo también es atención. El desdén también es atención. Este texto que estás leyendo también.
Somos el resultado de lo que le ponemos atención, sí. Pero también somos el resultado de lo que no pudimos evitar mirar.
El mundial no pidió el 100 de nadie. Se lo tomó de todos modos.