No seas chambón
Nunca des el 100 es un espacio para hablar de trabajo sin romantizarlo. De rendimiento sin sacrificio. De hacer bien las cosas sin tener que hacerlo todo.
Hace poco le contaba a mi hermana algo que me había estado molestando. Un cliente me había mandado un mockup de lo que quería que yo le diseñara. No era la primera vez. Y cada vez que pasa, siento algo que no termina de ser enojo pero tampoco es gratitud.
Mi hermana lo resumió mejor que yo: "que no sea chambón."
Para quien no conozca el término: chambón es esa persona que hace las cosas a medias, sin cuidado, improvisando donde no debería. En este caso, el chambón no era el cliente. Era la dinámica. Alguien me contrató para pensar y luego llegó pensando por mí.
Hay una frase que se ha puesto de moda en los últimos años y que suena a oportunidad pero huele a trampa: wear multiple hats. Usa varios sombreros. Sé versátil. Aprende de todo. Aporta en todas las áreas.
La frase no es mala en sí. El problema es cuando deja de ser una invitación y se convierte en una expectativa. Cuando tu chamba es diseñar, pero también se espera que hagas estrategia, redacción, gestión de redes, y de paso que traigas propuestas ya visualizadas para que el cliente las apruebe más rápido.
En algún momento alguien decidió que la especialización era limitante y que el profesional completo era el que podía con todo. Y eso, amistad, es chambonería disfrazada de versatilidad.
Esto no solo pasa en diseño.
Al médico le llegan con el diagnóstico de Google y solo esperan que firme la receta. Al abogado le mandan el contrato ya redactado, "solo para que lo revises". Al arquitecto le llegan con planos hechos en una app del celular. En todos los casos, el mensaje es el mismo: “ya hice tu trabajo, ahora hazlo oficial.”
Lo que nadie dice en voz alta es que eso no es colaboración. Es una decisión ya tomada, y la desconfianza que viene con ella, envuelta en papel de regalo
Guillermo Ochoa es considerado uno de los mejores porteros mexicanos de la historia. Ha parado penales en Mundiales, ha jugado en ligas europeas, y su nombre se pronuncia con respeto en canchas que no son las nuestras. Nadie, en ningún equipo en el que ha estado, le ha pedido que también juegue de delantero porque "sería bueno que aportara en otras áreas."
Porque eso sería absurdo. Porque su valor está precisamente en hacer una cosa excepcionalmente bien.
Y sin embargo, a los profesionales creativos, de salud, legales, técnicos, se les pide constantemente que cubran otras posiciones. Que sean más completos. Que no se limiten.
El que mucho abarca, poco aprieta. No es un refrán de tu abuelita. Es una descripción de lo que pasa cuando dispersas la atención de alguien que fue contratado para concentrarla.
Si alguien te ha dicho que deberías usar más sombreros, que deberías diversificarte, que en estos tiempos hay que saber de todo, quiero que sepas algo:
Resistirte no es flojera. Es criterio.
Saber cuales son las actividades que te salen bien y proteger ese espacio no es rigidez. Es lo que hace posible que tu trabajo sea bueno. La profundidad requiere tiempo, requiere enfoque, requiere que no estés tapando huecos que no te corresponden.
No tienes que ser chambón para sobrevivir en tu industria. Puedes, de hecho, hacer exactamente lo contrario: ser una persona muy buena en algo, defenderlo, y confiar en que eso tiene valor.
Aunque alguien llegue con su mockup bajo el brazo.