AI Slop
Últimamente no puedo abrir Facebook sin toparme con el mismo flyer disfrazado de veinte cosas distintas. Una kermés, una venta de playeras, una rifa de una escuela: mismo fuego artificial en la esquina, misma tipografía con sombra dorada, mismos íconos genéricos flotando sin ton ni son. Como si todo el internet se hubiera puesto de acuerdo en usar la misma plantilla y nadie me avisó a mí.
Me da un poquito de infoxicación. No es casualidad: la misma IA que promete ahorrarnos trabajo es la que nos tiene produciendo el doble, sin pausa, solo para no quedarnos atrás. Ese ruido visual que ves en tu feed es el mismo hustle de siempre, nada más que ahora con una máquina haciendo las diez piezas que antes nos tomaba hacer una.
Esto tiene nombre: le llaman "AI slop". Y no es solo que se vea feo (que a veces sí), es que se volvió reconocible. Le pedimos a una IA que nos resuelva un diseño y, sin que se lo pidamos, la IA tiende a lo mismo: saturación de color, exceso de íconos, simetría perfecta, cero imperfecciones. Un estudio reciente sobre este fenómeno lo explica clarísimo con un ejemplo: le pidieron a un chatbot que generara una mesa llena de copas de vino tinto sin especificar cuánta cantidad de líquido debía tener cada copa, y todas las copas terminaron con casi la misma cantidad de vino. Nadie lo pidió así. El modelo simplemente convergió hacia el promedio de lo que más ha visto. Eso es justo lo que nos está pasando con los flyers: la IA no está diseñando, está promediando.
Y aquí quiero parar en el mito que más daño le ha hecho a mi gremio: pensar que el diseño es caro. No. El diseño no es caro, el diseño tiene un propósito, y ese propósito es comunicar. Cuando confundimos "barato" con "efectivo" empezamos a medir el diseño por lo que costó (o no costó) hacerlo, en lugar de medirlo por si cumplió su trabajo. Un flyer gratis, hecho en tres segundos con IA, puede ser un fracaso total si nadie entiende qué tiene que hacer con él. La pregunta nunca debió ser "¿cuánto me costó?", sino "¿en cuánto tiempo alguien entiende el mensaje?".
Así que antes de publicar tu próximo diseño generado con IA, sobre tus sesiones de coaching, talleres y servicios, hazte estas preguntas (en serio, tómate los diez segundos):
¿Es llamativo? Bien, pero ¿es legible? Un cartel que grita con veinte colores y quince íconos no necesariamente dice algo, a veces solo hace ruido.
¿Se consume rápido? Si alguien tiene que detenerse a descifrar dónde está la fecha o el precio entre tanto elemento decorativo, ya perdiste. El ojo humano busca jerarquía, no fuegos artificiales.
Si trabajas para una marca: ¿esto es fiel a sus brand guidelines, o la IA decidió por su cuenta? Porque aquí hay algo que casi nadie está viendo: cada vez que un output de IA se aleja del manual de marca, no es un detalle estético, es un golpe directo al brand equity. ese valor acumulado que una marca construye con años de consistencia (reconocimiento, confianza, la disposición de alguien a pagar más solo por ser esa marca). Una marca que hoy se ve "como cualquier otra" está gastando, sin darse cuenta, el capital que tardó años en construir.
Y hablando de consecuencias reales, no solo estéticas: hace unos días una amistad me hizo el comentario de que su platillo no se veía nada como el de la foto del menú. Mientras yo disfrutaba tranquilamente de mi double cheeseburger de Whataburger le dije: así es, todas esas fotos están "mejoradas" con IA. Y no es un chisme inocente. La Ley Federal de Protección al Consumidor en México define como publicidad engañosa aquella que presenta un producto de forma inexacta, exagerada o artificiosa, induciendo a error al consumidor, y las multas pueden llegar a superar los dos millones de pesos. PROFECO ya está poniendo el ojo específicamente en el uso de IA para alterar la percepción del consumidor. O sea: esa hamburguesa "mejorada" no es solo cuestión de gusto, es un tema legal.
Y ya que estamos en terreno legal, aquí va el dato que más me gusta: en México, una obra creada exclusivamente por IA no se puede registrar como propiedad intelectual. La Suprema Corte lo resolvió así el año pasado, después de que alguien intentó registrar un avatar generado con IA: el derecho de autor es, dice la Corte, un derecho humano exclusivo de las personas físicas. Sin intervención humana sustancial, no hay obra que proteger, y el resultado se considera de dominio público. Tradúzcanlo conmigo: la ley misma reconoce que sin una mano humana metiendo criterio, edición, decisión, no hay nada que sea verdaderamente "tuyo". Que resulte que hasta la ley esté de acuerdo con que la homogeneización no es una opinión mía de diseñadora necia, sino un hecho con consecuencias jurídicas, me parece el argumento más contundente que voy a encontrar en mucho tiempo.
Nadie está diciendo que dejes de usar IA para tus diseños. La invitación es a dejar de usarla en automático, sin criterio y sin preguntarte nada. Porque al final del día la diferencia entre un diseño y un "slop" no es cuánto costó ni qué herramienta se usó: es si alguien, en algún momento del proceso, se detuvo a pensar qué necesitaba decir esa pieza y a quién.