Pequeños actos de desobediencia

Cada tetramestre, en la clase de Diseño Tipográfico, hago lo mismo: empiezo siendo insoportablemente rigurosa. Hablamos de proporciones, de contraste, de los detalles microscópicos que distinguen una letra bien construida de una que solo se le parece. Los alumnos aprenden a medir, a observar, a nombrar cada parte de una letra como si fuera anatomía. Y sí, al principio se aburren un poco. Hay uno que otro que se duerme. Está bien. Ese aburrimiento es parte del trato.

Porque después viene la otra mitad de la clase, la que de verdad me gusta: les digo que ahora sean lo más creativos que puedan. Que rompan todo lo que acabamos de aprender. La regla no cambia, las reglas se aprenden para poder romperlas con criterio, no porque sí. Sin el criterio, romper reglas es solo caos. Con él, es diseño.

En el camino de esa clase les comparto cosas que me parecen deliciosamente absurdas, como un diseñador construyendo una tipografía entera con Cheetos, letra por letra, con los dedos naranjas y el compromiso total de alguien que decidió que ese era el proyecto del día. Nadie le pidió que usara Cheetos. Ahí está la gracia.

Y siempre, siempre, termino pensando en la legendaria diseñadora Paula Scher, de Pentagram, que define la creatividad como un pequeño acto de desobediencia, de "portarse mal" a pequeña escala. Dice que esa desobediencia normalmente nace de la incomodidad, de cierta arrogancia, o de sentirse atrapado: uno busca una salida alterna porque la salida obvia no le convence. Y agrega algo que me parece más honesto que inspirador: que producir un buen trabajo rápido no es talento innato, es años de práctica acumulada.

Aquí es donde quiero agregar algo mío, porque llevo tiempo dándole vueltas. Yo sí creo que casi cualquier tarea tiene un ángulo divertido escondido, no importa cuál sea. Pero también me pregunto si eso es sano pensar eso o si es simplemente positividad tóxica con otro disfraz.

Creo que no es lo mismo. La positividad tóxica te pide sonreír para la tarea, para la estructura que te la impuso, es una sumisión con buena cara. Lo que yo hago, lo que le insisto a mis alumnos que hagan, es distinto: es encontrarle la gracia a algo a pesar de que no lo elegiste, como una forma de quedarme con algo para mí. Nadie me puede quitar eso. Me estás obligando a hacer esto, sí, pero el cómo lo hago, y si le encuentro algo de alegría en el proceso, eso sigue siendo mío. Es un pequeño acto de desobediencia, como diría Scher, solo que en vez de romper una regla tipográfica, rompo la expectativa de que una tarea impuesta tiene que sentirse impuesta.

No es lo mismo que fingir que todo está bien. Es decidir, con criterio, que si de todas formas voy a hacerlo, prefiero hacerlo a mi manera.

Monica Aranda

Mexican, female. 30 something years old. Graphic designer & Film-watcher

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