No puedes ir tarde en una vida que está diseñada para ti

Esta semana mi hermano cumplió años y, entre otras cosas, le regalé un sticker. Decía: "no puedes ir tarde en una vida que está diseñada para ti". Él la leyó, se quedó callado un segundo, y dijo algo que se me quedó pegado más que el sticker mismo: que nunca es verdaderamente tarde para reinventarse.

Mi hermano es músico. Y una de mis memorias más felices de la infancia es subirme a su coche, salir a dar la vuelta sin rumbo, y escucharlo hablar de Madonna con mucha emoción. Me explicaba cómo cada álbum era una versión distinta de ella: otro sonido, otra estética, otro personaje. Para él (y para mi) era genialidad pura, la prueba de que reinventarse era una decisión de artista, un acto de voluntad creativa. Gracias a él aprendí a escuchar música fijándome en las costuras, no solo en la melodía.

Han pasado los años y ahora, cuando pienso en esa versión de Madonna reinventándose cada dos o tres años, veo también otro gesto distinto. Hay una industria de la música bastante documentada en su trato desigual hacia las mujeres que envejecen sobre el escenario, mientras que a los hombres se les permite quedarse quietos sobre el mismo personaje toda la vida. Madonna misma lo ha señalado más de una vez. Y eso no le quita mérito a lo que hizo, al contrario: reinventarse por necesidad es más confrontativo que reinventarse por capricho. La necesidad te obliga a soltar lo que ya te funcionaba y a construir algo nuevo sin garantía de que vaya a funcionar. Eso no es lo mismo que la obligación. La obligación te dice exactamente qué forma tomar. Con la necesidad la forma todavía la tienes que inventar tú.

Casi ninguna reinvención de verdad nace de la comodidad. Nace porque algo ya no cabe, porque el traje viejo aprieta, porque quedarse quieto dejó de ser una opción real. La necesidad puede ser el punto de partida y el arte puede ser, de todos modos, lo que se hace con ella.

La frase del sticker, por cierto, no es mía. La escuché en un podcast, en una conversación entre mujeres, donde una de ellas hablaba de esa presión tan específica de preguntarse si ya se te fue el tren. Es una frase que todas hemos escuchado en algún momento, generalmente dicha con más miedo que cariño. Y creo que sin pensarlo mucho, esta sticker, resignifica, la misma idea que mi hermano me dió a mí de niña en ese coche. Que reinventarse no tiene fecha de caducidad.

Y ahí es donde termino aprendiendo algo distinto a lo que esperaba cuando empecé a escribir esto. Llevaba tiempo pensando la reinvención en blanco y negro (también porque mi psicóloga en algún momento me dijo que yo tiendo a pensar en extremos): o es un lujo creativo, o es una obligación impuesta desde afuera. Pero la necesidad no es lo mismo que la obligación, aunque a veces se confundan. La obligación te quita margen de decisión. La necesidad te lo reduce, pero no te lo quita del todo, todavía tienes que decidir en qué te conviertes con ella. Ese margen, por pequeño que sea, es donde vive el arte. Y es también, creo, lo que mi hermano quiso decirme con eso de que nunca es tarde: no que la vida no empuje, sino que mientras haya margen para decidir la forma, sigue siendo tuya.

Monica Aranda

Mexican, female. 30 something years old. Graphic designer & Film-watcher

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