El puesto infame
Hay puestos que cargan con una reputación antes de que la persona que los ocupa haga algo. El de "middle manager" es uno de ellos.
Mi hermana me lo sugirió como tema y me causó ambivalencia. No porque no tenga opinión, la tengo, y fuerte, sino porque la historia completa es más incómoda que la versión fácil. Al final coincidimos en la palabra correcta: infame. Y es que el puesto puede serlo, en más de un sentido.
El ángulo que todos conocemos:
Seguramente tienes una historia. O la tiene alguien cercano. La persona en gerencia que propone tiempos de entrega absurdos sin revisar el "scope", sin considerar las habilidades del equipo, sin preguntarse si el proyecto tiene algún sentido más allá de seguir una tendencia pasajera o usar los "buzzwords" del momento.
La que manda mensajes a todas horas. La que se levanta el cuello por "sacar adelante a la empresa" como si ese fin justificara que sus medios sean personas con vidas, con problemas reales, con un límite que no debería negociarse.
La que se roba el mérito. La que apaga el espíritu del equipo tan eficientemente que las personas más valiosas, las que daban su cien, las que tenían opciones, terminan renunciando.
Ese perfil existe. No lo voy a defender.
El ángulo que nadie quiere ver:
Pero hay otro lado, y pido que no saquen el violín más pequeño del mundo todavía, ese gesto de tocar un violín imaginario que se hace cuando alguien quiere causarte lástima por algo que no te merece ninguna.
Imagina los resultados de una evaluación anual de desempeño en una organización reconocida. Las personas en puestos directivos: calificaciones altas, las mejor evaluadas. Las personas en gerencias, en el "middle": reprobadas, criticadas.
¿Y quién definió los objetivos? ¿Quién puso los tiempos? ¿Quién tomó las decisiones sobre presupuesto, sobre "scope", sobre qué proyectos valían la pena?
La persona en puesto de director, muchas veces ignorante de lo que su equipo puede hacer, de lo que es alcanzable, de lo que cuesta realmente ejecutar una idea, toma una decisión. Esa decisión cae hacia abajo. Y la persona en gerencia, con las manos atadas al presupuesto, sin capacidad real de dar promociones ni asegurar carreras, termina siendo la cara visible de un sistema que ella tampoco diseñó.
Eso no absuelve a nadie. Pero sí cambia la pregunta.
La parte incómoda de verdad:
Porque hay un momento, y aquí es donde ya no hay excusas, en que la persona en gerencia sabe. Sabe que los tiempos son imposibles. Sabe que el equipo va a tronar. Sabe que el "scope" está mal planteado desde arriba.
Y aún así lo ejecuta.
¿En qué momento la presión de arriba deja de ser explicación y se convierte en cómplice?
Esa es la pregunta que me parece vale la pena hacerse. No para señalar a una sola persona en el organigrama, sino para ver el tablero completo. Porque cuando solo vemos nuestra parte, es muy fácil encontrar al villano. Y muy difícil encontrar al sistema.
El puesto es infame. A veces por quien lo ocupa. A veces por lo que le toca cargar. Y a veces, por ambas cosas al mismo tiempo.



