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¿Amiga o enemiga? La IA en la creatividad

¿Amiga o enemiga? La IA en la creatividad

Trato —sin lograrlo con mucho éxito— de que mis entradas en este blog sean "atemporales", es decir, que no estén sujetas a la tendencia del momento. Lo seguiré intentando, pero hay temas que simplemente no puedo dejar pasar, sobre todo por mi naturaleza de eterna practicante de la creatividad.

Esta semana ocurrió una coincidencia llamativa. El miércoles, fui invitada por mis alumnos de la carrera de diseño gráfico en la UERRE (donde imparto clases) a un debate titulado"Inteligencia artificial: amiga o enemiga". Curiosamente, ese mismo día, mi algoritmo de redes sociales estaba saturado con la tendencia de "ghiblificar" imágenes. En cuestión de horas, una cantidad inmensurable de personas en todo el mundo transformaron fotos comunes en ilustraciones al estilo del legendario Studio Ghibli, responsable de obras maestras como My Neighbor Totoro, Grave of the Fireflies, Kiki's Delivery Service y muchas más. Todo gracias a un modelo impulsado por IA de OpenAI.

El mismo día, Freddy Vega, CEO de Platzi, publicó algo que capturó la esencia del problema:

"No te limites al estilo anime/Ghibli, el cielo es el límite y tu creatividad sólo está restringida por cuantas leyes de propiedad intelectual OpenAI decidió romper hoy."

Y ahí está el quid del asunto. Más allá del impacto visual de esta tendencia pasajera, lo que realmente revela es una falta de aprecio por la historia del arte y la calidad artística. Muchos no parecen notar —o no les importa— que detrás de cada pincelada genuina de Studio Ghibli hay años de dedicación, narrativa y técnica. Al reducir todo ese valor a un filtro instantáneo, la línea entre lo auténtico y lo genérico se vuelve difusa. Es como si estuviéramos bajando la vara de lo que consideramos arte.

Personalmente si reconozco a la IA como herramienta creativa y en el debate, que en realidad fue más una charla entre colegas que un enfrentamiento de posturas (porque los tres ponentes estábamos bastante de acuerdo), surgieron puntos clave. La IA no es el problema. El problema es cómo la usamos y cómo la percibimos.

La IA puede ser una herramienta increíblemente útil. Yo misma la utilizo con frecuencia: para organizar ideas, superar bloqueos creativos, escribir en inglés o estructurar un artículo como este. Incluso la imagen que acompaña esta entrada fue generada por IA, de forma intencionalmente genérica. Mi antiguo nombre para este blog, Bear Minus (un juego de palabras fonético con Bare Minimum), hacía referencia a un oso como metáfora del animal que ahorra energía para hibernar. Elegí que las imágenes aquí fueran "photoshopazos" evidentes, absurdos y desproporcionados, porque no busco calidad visual, sino un efecto casi irónico.

El problema surge cuando estas imágenes sin alma empiezan a ser percibidas como auténticas. En la charla mencionamos que si nos acostumbramos a ver imágenes de mala calidad generadas por IA, podemos perder la capacidad de identificar lo genuino. Como dice la frase:

"No vemos las cosas como son, las vemos como somos."

Si dejamos que la IA defina nuestros estándares estéticos, corremos el riesgo de normalizar lo mediocre. Y eso no es un problema tecnológico, sino humano: es falta de pensamiento crítico.

Durante la charla, también surgió un tema incómodo: el impacto de la IA en el mercado laboral. Compartimos la historia de una persona en la industria creativa que fue despedida y reemplazada por IA. Sin embargo, lejos de rendirse, esta profesional usó su experiencia para reinventarse y trabajar de forma independiente, aprovechando las habilidades que la IA no podía replicar: la estrategia, la visión humana, la conexión emocional.

Este es el verdadero desafío: cómo nos adaptamos. El trabajo creativo no va a desaparecer, pero sí va a transformarse. Usar IA para hacer moodboards, generar lluvias de ideas o simular conversaciones creativas es útil, pero la decisión final, el "ojo crítico" y la visión estética siguen siendo nuestras. Al menos por ahora.

Otro punto que discutimos fue el costo ambiental. Cada prompt que le damos a la IA tiene un precio en consumo energético. Es fácil olvidarlo porque no lo vemos, pero detrás de esa imagen ghiblificada hay servidores consumiendo recursos de forma masiva. Si la IA va a formar parte de nuestras vidas creativas, es necesario usar esta tecnología con un pensamiento crítico claro y con consciencia ambiental.

En cuanto a la autoría, todavía navegamos en aguas turbias. Actualmente, no existe una legislación clara sobre la creación de obras con IA. ¿Quién es el autor de una imagen generada con Midjourney? ¿El usuario que escribió el prompt o la empresa detrás del modelo? En Estados Unidos, ya hay demandas contra plataformas de IA por usar obras de artistas sin pagar regalías, lo que está sentando precedentes importantes.

Finalmente el debate no es si la IA es amiga o enemiga. Es una herramienta, y como cualquier otra, su valor depende de quién la use y cómo la use. Lo peligroso no es la IA en sí, sino la falta de criterio y la flojera mental con la que a veces la adoptamos.

Por eso, la invitación que surgió en la charla fue clara: sigamos entrenando nuestro pensamiento crítico. Aprendamos a distinguir lo auténtico de lo artificial. No dejemos que la productividad extrema nos haga perder el valor del proceso creativo, ni que la fascinación por lo rápido nos haga olvidar que la calidad lleva tiempo.

La IA es poderosa, sí, pero todavía no puede sustituir la experiencia, la historia personal ni la mirada humana. Al menos por ahora.

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