El "equilibrio entre vida y trabajo" es un mito... y los cuidadores lo saben
El pasado fin de semana fue especialmente intenso y sin elaborar mucho porque no quiero, si me dejó reflexionando sobre las distintas etapas de la vida, ya sea como estudiante, profesional o figura familiar. A menudo se habla de estos roles, cómo se alcanzan, cómo se viven, pero hay uno que rara vez se menciona, o al menos mi algoritmo no me lo muestra demasiado: el del cuidador, y es un rol que tarde o temprano se nos va a asignar a todos. Aunque es un tema que puede ser doloroso y real, resulta urgente reconocer que quienes asumen esta responsabilidad pueden, si se les brinda el apoyo adecuado, transformarse de muchas formas, una de ellas es en empleados de alto rendimiento y gran compromiso, porque simplemente reconocen sus prioridades en sus vidas.
La revista #Forbes expone en un reciente artículo que el trabajo remoto es esencial para los cuidadores, ya que les permite gestionar mejor sus tiempos y enfrentar con mayor eficacia sus responsabilidades personales y profesionales. En este contexto, resulta fundamental que CEOs, jefes y líderes reconsideren la idea de volver a traer a todos los empleados a la oficina. Brindar flexibilidad no solo es una muestra de humanidad, sino que se traduce en un ambiente laboral más eficiente y comprometido.
Al mismo tiempo, más allá de las políticas laborales, me resuena una idea de Brené Brown de reconocer lo extraordinario en lo ordinario, un concepto que invita a apreciar cada instante y a encontrar belleza en lo cotidiano, en lugar de estar en constante búsqueda de algo inalcanzable o espectacular, un café compartido entre reuniones, una pausa para respirar antes de responder un correo. No se trata de huir del estrés, sino de no dejar que opaque los pequeños actos que dan sentido al día a día. Esta invitación a vivir en el presente es una herramienta poderosa, pues nos recuerda (al menos a mi) que lo fundamental se encuentra en la simplicidad y en la conexión genuina con lo que nos rodea.
Sin embargo, para lograrlo, necesitamos romper un mito: la obsesión por el "equilibrio" entre vida y trabajo. Me resulta interesante considerar en este aspecto, las palabras de C.C. Chapman, quien critica el concepto de “work-life balance” al considerarlo una ilusión (de hecho lo llama bullshit) . Su perspectiva sugiere que no se trata de separar estrictamente el trabajo de la vida personal, sino de aprender a integrarlos de manera que se potencien mutuamente. La vida no es una balanza, sino un tejido donde se entremezclan responsabilidades, pasiones y cuidados. ¿No es acaso en esa mezcla —caótica, pero genuina— donde surgen la creatividad y la resiliencia?
Mi esperanza con esta breve reflexión es hacer un llamado a la acción para quienes tienen el poder de generar cambios en el ambiente laboral. Es momento de repensar nuestras estructuras y políticas, de brindar a los empleados la flexibilidad necesaria para que puedan atender sus roles de cuidador sin sacrificar su rendimiento profesional. ¿Es una apuesta? Sin duda. Pero recordemos que el trabajo remoto no solo les permite integrar mejor sus responsabilidades, sino que también impulsa la productividad, el compromiso y la retención del talento, lo que termina beneficiando directamente a las empresas.
Al final, la pregunta no es si las empresas pueden permitirse ofrecer flexibilidad, sino si pueden permitirse no hacerlo. ¿Cuánto talento, humanidad y potencial estamos perdiendo al insistir en modelos rígidos que ignoran las realidades invisibles de quienes cuidan?
Referencias:
Tsipursky, G. (2023, January 30). New research shows remote work essential for caregivers. Forbes. https://www.forbes.com/sites/glebtsipursky/2023/01/27/new-research-shows-remote-work-essential-for-caregivers/