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SE REFIERE A REALIZAR ACTIVIDADES CON EL MÍNIMO ESFUERZO, SE REFIERE A PREGUNTARSE DOS VECES EL PORQUÉ DE LAS COSAS Y SE REFIERE A LA ACEPTACIÓN DE LO QUE SOMOS.

Sabes más de lo que crees

Sabes más de lo que crees

Hace unos días vi un post que me hizo pensar en mis primeras clases en la UERRE, allá por el 2021. Un profesor que, antes de resolver cualquier problema, preguntaba: "¿Cuál es el primer paso?" La respuesta siempre era la misma: "No entrar en pánico". Y cuando preguntaba por qué, los estudiantes respondían: "Porque sabemos más de lo que creemos saber".

Recuerdo que al principio, impartir clases me causaba estrés. Hora y media de clase para la licenciatura en diseño gráfico digital. ¿Y si se me acaba el tema? ¿Con qué voy a rellenar el espacio? Como si el silencio fuera el enemigo, como si tuviera que saturar de información a los estudiantes, como si tuviera que estar demostrando constantemente que merecía estar ahí.

Pero grata fue mi sorpresa: dentro de mí vivía una persona que aprecia tanto el diseño de lo que existe que hasta a veces el tiempo en clases me falta. Todas esas ideas que tenía archivadas porque simplemente no estaba en la cancha adecuada, encuentran constantemente una salida en el aula. Me gusta pensar que si bien enseño reglas y temas técnicos, también enseño a mirar de otra forma el mundo que nos rodea.

Hablo constantemente de cómo las marcas son entes vivientes que se adaptan y evolucionan. No son estáticas. No son logos congelados en el tiempo ni manuales de identidad que se escriben una vez y se archivan para siempre. Una marca respira, cambia, se transforma con el contexto. Y sin embargo, existe esta obsesión por encapsular a las personas en su "marca personal", como si pudiéramos reducirnos a tres adjetivos y una paleta de colores en Canva.

Me parece reduccionista. Peligroso, incluso.

Porque cuando te convences de que ya tienes todas las respuestas sobre quién eres o qué representas, dejas de crecer. Ahí es donde aparece el efecto Dunning-Kruger: esa confianza desmedida que viene de saber tan poco que no alcanzas a ver todo lo que te falta. Es la trampa de creer que tu marca personal es TÚ, cuando en realidad apenas es una fotografía borrosa de un momento específico de tu vida.

Y ahí está la paradoja: sabemos más de lo que creemos, pero también creemos saber más de lo que sabemos. La diferencia está en el pánico. En la humildad de reconocer que lo que sabemos es suficiente para empezar, pero nunca suficiente para dejar de aprender.

La persona más importante en el cuarto no es la que habla mucho, ni la que habla poco. No es la persona en la cabecera. Es el cuarto en sí. El espacio que creamos entre todos. El lugar donde lo que sabíamos sin saber que sabíamos encuentra su voz. Donde las marcas que diseñamos, las de las empresas, las nuestras, pueden respirar, evolucionar, equivocarse.

Porque todos somos una amalgama de información random que termina siendo relevante con sorprendente frecuencia. El truco no es llenarnos más. Es confiar en que ya está ahí. Es crear el espacio para que emerja.

No entres en pánico. Ya sabes más de lo que crees. Pero no te quedes ahí. Sigue siendo el cuarto, no solo la voz.

Diseñando nuestra propia obsolescencia

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