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SE REFIERE A REALIZAR ACTIVIDADES CON EL MÍNIMO ESFUERZO, SE REFIERE A PREGUNTARSE DOS VECES EL PORQUÉ DE LAS COSAS Y SE REFIERE A LA ACEPTACIÓN DE LO QUE SOMOS.

Guía para perdedoras: nivel avanzado

Guía para perdedoras: nivel avanzado

Me batearon un artículo. Otra vez.

Y digo otra vez con toda la intención: este rechazo llega a una lista que ya tiene bastante recorrido. Espacios a los que apliqué y no quedé, conferencias que no me aceptaron, oportunidades que se fueron con alguien más, críticas que dolieron más de lo que debería admitir. No comparto todo, claro. Nadie comparte esa lista. En redes aparezco cuando algo sale bien, y si supieras lo que hay detrás, estarías mordiéndote las uñas mientras me ves intentar.

Mi reacción inmediata fue la de siempre: perdí. No el artículo, perdí en el juego de la vida, en uno de sus muchos niveles simultáneos que, por cierto, yo misma configuro en modo difícil. No sé por qué lo hago. Supongo que es mi naturaleza, o mi necedad, o ambas, que en mi caso son básicamente lo mismo.

El problema de hablar de fracasos es que nadie quiere escucharlos a menos que vengan empaquetados con su historia de redención correspondiente. Hay toda una industria del fracaso glorioso, charlas, eventos, podcasts, donde alguien sube a un escenario a contar cómo arruinó todo y salió adelante. Y funciona, claro, pero hay un detalle que nadie menciona: no todos los fracasos cuestan lo mismo, en mi caso por ejemplo, me han costado salud y bienestar. Hay quien se puede permitir arruinarse porque tiene red de contactos, colchón financiero o simplemente un apellido que abre puertas aunque hayas quemado las anteriores, es lo que es. La narrativa del fénix es cómoda cuando tienes con qué pagar las cenizas. Para los demás mortales, a veces solo hay que recalibrar. O dejar ir. Depende de qué tan persistente seas, o en mi caso, de qué tan necia.

Llevo unas semanas jugando un videojuego que se llama Hades II, la secuela del roguelike de Supergiant Games (si me lees con cierta regularidad, alguna vez escribí sobre la precuela — aquí el link). Por si no lo conoces: en esta ocasión juegas como Melinoë, princesa del inframundo, y tu misión es derrotar a Chronos, el Titán del Tiempo. Suena épico. Y lo es. Pero hay un detalle que lo hace particularmente humillante: cuando pierdes, no importa qué tan cerca hayas estado del jefe final, no importa cuántos cuartos atravesaste ni cuántas bendiciones de los dioses acumulaste, vuelves al punto de partida. Sin excepción. Sin "¿quieres continuar desde el último guardado?"

Y sin embargo, Hades II hace algo que la mayoría de los juegos no: no define la derrota como un fracaso, sino como un paso necesario. El punto de cada intento no es ganar, sino intentar, aprender, llegar lo más lejos posible y volver a intentar con más información. Cada corrida te enseña los patrones del enemigo. Cada muerte te da datos. Eventualmente, lo que parecía imposible se vuelve posible.

Esto me parece honesto como metáfora, y también un poco irritante, porque funciona.

El artículo rechazado no me da experiencia que se acumule automáticamente. No hay barra de progreso visible. Pero sí quedó algo: sé qué no funcionó, tengo hipótesis de por qué, y tengo (todavía, aunque con algo de cinismo) ese destello molesto de "puedo intentarlo de otra forma." Tal vez con otras armas. Tal vez apuntando a otro jefe. Tal vez ese final no luce como yo lo había imaginado.

En Hades II técnicamente tienes que ser una perdedora. No se supone que ganes desde el primer intento, sean 10 o 100 corridas, cada noche que sales debería servir para avanzar un poco, y cada muerte es una lección.

En la vida real nadie te lo dice tan limpiamente. La lista de rechazos sigue creciendo en silencio, sin fanfarria, sin post de celebración. Pero la mecánica, sospecho, es la misma.

P.D. De esa larga lista de rechazos, hay puertas a las que simplemente no volví a tocar. Una parte de mí piensa "no me merecen", que suena egocéntrico, sí, no lo voy a negar. Pero antes de que lo juzgues, recuerda esto: hay muchos espacios allá afuera donde sí cabes. Y si no los encuentras, siempre puedes construirlos tú mismx.

¿A qué le estás quitando el espacio?

¿A qué le estás quitando el espacio?