Cuando "estar al día" significa estar al borde
Esta semana, mientras caminábamos del estacionamiento al supermercado, mi mamá me lanzó uno de esos enunciados que se quedan dando vueltas en la cabeza como un disco rayado:
"Las mujeres tienen que estar vigentes."
En voz alta estuve de acuerdo. Claro, tiene toda la razón. Pero en mi mente, la respuesta fue inmediata y mucho más honesta: "Pero si siempre estoy cansada."
Y ahí está la paradoja que Nancy Fraser menciona en "Capitalismo Caníbal". Fraser argumenta que el sistema se alimenta de zonas enteras que no están mercantilizadas, devorándolas para poder existir. Entre esas "moradas ocultas" que el capitalismo canibaliza están las formas de cuidado, subvaluadas o directamente negadas, que recaen mayormente sobre las mujeres. El trabajo reproductivo, el cuidado emocional, la gestión del hogar, el estar disponibles, el mantenernos relevantes, vigentes, actualizadas. Todo eso que hacemos "gratis", que sostiene al mundo pero que no aparece en ninguna nómina.
Estar vigente. Qué demanda tan agotadora.
Vigente en el trabajo, actualizándote en cada herramienta nueva, en cada tendencia, en cada cambio de paradigma. Vigente físicamente, porque a las mujeres se nos mide con una vara que nunca se queda quieta. Vigente emocionalmente, siendo el soporte de otros mientras sostienes tus propias grietas. Vigente socialmente, manteniendo relaciones, recordando cumpleaños, tejiendo redes que paradójicamente se supone que deberían sostenerte a ti también.
Lo curioso es que esa misma semana, mientras veía un reality experimental en una cárcel (sí, mis guilty pleasures son raros), escuché una frase que me pegó igual de fuerte: "if you get comfortable, you'll get complacent", si te pones cómoda, te vuelves complaciente.
Y ahí está el otro lado de la moneda.
Porque mi mamá tiene razón. Las mujeres sí tenemos que mantenernos vigentes, no por vanidad ni por complacer al sistema, sino porque el mundo no nos va a dar el espacio que merecemos si nos acomodamos. Porque los derechos que tenemos hoy alguien los peleó. Porque si bajamos la guardia, retrocedemos. Porque la complacencia es un lujo que históricamente no nos hemos podido dar.
Pero al mismo tiempo, ese reality en la cárcel me recordó algo importante: el estar alerta constantemente, el nunca relajarse, el vivir en modo supervivencia... eso también te consume. Te devora por dentro. Y cuando el sistema te exige estar en constante vigencia, te está usando. Te está exprimiendo hasta que no quede nada.
Entonces, ¿cómo navegamos esto?
¿Cómo nos mantenemos vigentes sin caer en las fauces del sistema capitalista opresor que nos quiere productivas, actualizadas, disponibles 24/7? ¿Cómo evitamos la complacencia sin quemarnos en el proceso?
No tengo todas las respuestas. Pero sospecho que la clave está en redefinir qué significa estar vigente. Tal vez no se trata de estar disponibles para todo y para todos. Tal vez se trata de mantenernos conectadas con lo que realmente importa. Con nuestros valores. Con nuestra comunidad. Con las luchas que valen la pena.
Estar vigente no debería significar estar al borde del colapso todo el tiempo.
Estar vigente debería significar estar presente. Lúcidas. Conectadas con nosotras mismas y con las demás. Saber cuándo pelear y cuándo soltar. Reconocer que el cansancio no es debilidad, sino una señal de que el sistema está diseñado para agotarnos.
Mi mamá me recordó que no podemos darnos el lujo de la complacencia. El reality me recordó que tampoco podemos darnos el lujo de vivir en alerta constante. Y Fraser nos recuerda que el sistema se alimenta precisamente de esta tensión.
La respuesta no es quemarnos para mantenernos vigentes.
La respuesta es estar vigentes para no quemarnos. Y eso, a veces, significa descansar. Significa decir que no. Significa reconocer que no tenemos que estar actualizadas en todo, disponibles para todos, perfectas en cada aspecto.
Porque al final, las mujeres no solo tienen que estar vigentes.
Las mujeres merecemos estar vivas. Y eso es algo muy distinto.




