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El día más importante de marzo

El día más importante de marzo

El 8 de marzo existe porque durante siglos decidimos que las mujeres eran un accesorio del mundo, y no el mundo mismo. Existe porque hubo que poner una fecha en el calendario para que la sociedad se acordara de lo que debería ser obvio: que la mitad de la humanidad merece condiciones dignas para trabajar, vivir, enfermar y sanar.

Sí, enfermar y sanar. Porque ahí también nos quedamos cortas.

Hace poco me topé con una serie de publicaciones que me dejaron con ese sabor particular de la rabia fría. No la rabia que grita. La que se instala en el pecho y no se va.

Mientras Anti-hero de Taylor Swift sonaba en todos los altavoces del planeta en 2023, más de la mitad de las pacientes con endometriosis seguían siendo enviadas a casa con el mismo consejo medieval: "Solo embarázate." No como metáfora. Como tratamiento médico oficial. Recomendado por ginecólogos y médicos generales. En dos mil veintitrés.

La endometriosis afecta a 1 de cada 10 mujeres. Tarda entre 7 y 10 años en diagnosticarse. Y cuando por fin llega el diagnóstico, el 36% de las pacientes recibe como "solución" un embarazo que nadie pidió y que, por cierto, no cura nada.

Eso no es medicina. Es gaslighting con bata blanca.

Pero espera, que hay más.

Mientras The Sixth Sense nos enseñaba a ver fantasmas en 1999, nadie había terminado de estudiar cómo se ve un infarto en un cuerpo de mujer. Resultado: las mujeres que tienen un ataque cardíaco tienen 7 veces más probabilidades que los hombres de ser diagnosticadas con ansiedad, reflujo o estrés... y enviadas a casa.

"Y las mujeres mueren." Así, sin rodeos, lo escribió la cuenta que compartía estos datos.

¿La razón? Décadas de investigación cardíaca hecha casi exclusivamente en hombres. Las mujeres no presentamos un infarto "como se debe." Lo nuestro es náusea, dolor de mandíbula, fatiga extrema. Cosas que aparentemente no parecen suficientemente dramáticas.

Y todavía queda el Ambien.

Para quien no lo conoce: el Ambien es uno de los somníferos más recetados del mundo. Se usa para tratar el insomnio. Suena bastante inocuo, ¿verdad?

Fue aprobado en 1992. Veinte años después, en 2013, la FDA tuvo que cortar la dosis a la mitad para mujeres. ¿Por qué? Porque nadie había verificado si metabolizamos el medicamento diferente que los hombres.

(Sí lo hacemos. Más lento. Lo que era "la dosis estándar" era una sobredosis.)

Dos décadas de mujeres siendo conejillos de indias involuntarias porque estudiar cuerpos femeninos era considerado "demasiado complicado."

Entonces, ¿de qué hablamos el 8 de marzo?

Hablamos de esto. De que el problema no somos nosotras. Es un sistema que no se ha molestado en estudiarnos bien. Que sigue usando el cuerpo masculino como plantilla universal. Que diagnostica con "problemas con el novio" lo que en realidad es la tiroides dejando de funcionar. Que le dice a una mujer de 26 años que lo que tiene es que se está poniendo vieja.

Estos datos los encontré en la cuenta de Instagram de Cindy Eckert (@cindypinkceo), empresaria del sector farmacéutico que lleva años documentando exactamente este tipo de negligencia sistémica con una claridad que incomoda. Y que debería incomodar.

El 8 de marzo no es un día de celebración. Es un recordatorio de que todavía hay trabajo pendiente. Mucho. En las calles, en los salarios, en los consejos de administración, en los laboratorios y en los consultorios médicos.

Y sí, se puede celebrar el avance. Hay que hacerlo.

Pero sin perder de vista que mientras pop culture avanza a toda velocidad, hay partes del sistema que siguen atascadas en 1923.

Y eso no se arregla con una flor.

La medalla equivocada

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